martes, 3 de noviembre de 2009

Te amo, te odio. La Ambivalencia Afectiva


La ambivalencia afectiva esta presente en todo ser humano, es constituyente, pero eso no justifica ningún comportamiento. Cuando nos dejamos llevar por los sentimientos pueden comienzar los problemas, ya que podemos llegar a odiar a las personas que más amamos y sin saber por qué. Cuando creamos que esto nos ocurre, antes de maltratar a nuestros seres queridos es preferible que consultemos con un psicoanalista.

Podemos designar el complejo de Edipo como el fenómeno central del temprano período sexual infantil. Este nos habla de los deseos del niño, el cual ama y admira a su padre; pero muy pronto entra en escena el otro lado de esta relación de sentimiento. El padre es discernido también como el perturbador de la propia vida pulsional, el niño no sólo querrá imitar la figura parental, sino también eliminarla para ocupar su lugar. Coexisten, una junto a la otra, la corriente tierna y la hostil hacia el padre, y ello a menudo durante toda la vida, sin que una pueda cancelar a la otra. En tal coexistencia de los opuestos reside el carácter de lo que llamamos «ambivalencia afectiva». Se ama y se odia a un mismo objeto. El sujeto reprime estas tendencias y renuncia a ellas, para poder socializarse; a pesar de ello no desaparecerán, están reprimidas y producen efectos inconscientes en la conciencia.

Los sujetos llevan en mayor o menor grado esa ambivalencia, tanto es así que podemos referirnos a la ambivalencia como constitucional del sujeto psíquico. Se considera que la predisposición a la neurosis obsesiva, se singulariza por una cuantiosa medida de esa originaria ambivalencia de sentimientos. Normalmente no es tan elevada como para originar reproches obsesivos; pero cuando aparecen, estos se manifestarán en las elecciones de objeto, es decir con los más amados, según el sentido común es donde menos se lo esperaría sino tuviéramos presente dicha ambivalencia afectiva.

En las relaciones de pareja, en las relaciones de ambito familiar y en las relaciones laborales se puede manifestar esta abivalencia afectiva, erosionando de manera grave la relación ya sea de pareja, familiar o laboral.

Manuel Menassa de Lucia

www.manuelmenassa.com

4 comentarios:

  1. Hola Manuel,

    Felicidades por el nuevo blog. Has comenzado fuerte.

    Besos
    Mónica

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  2. Muchas Gracias Mónica, vivir para contarla, no?

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  3. Bueno, creo que faltaría especificar algunos grados de mayor complejidad que la presentada en el origen de Edipo. Lo que incluye casos clínicos, maniáco depresivos, o psicóticos. Al leer esto, pienso mucho en mis últimas publicaciones.

    Pasa a menudo, cuando tendemos a asimilar una cantidad enorme de símbolos y comprendemos más estados del mundo, es más difícil acceder al sustrato del ser en sí: nuestras barreras (las mias al menos) se vuelven más densas y tengo una cantidad sorprendente de justificaciones racionales.

    Sí, los mecanismos de intelectualización se me hacen, al tiempo que el arte, una forma sublimada de profanar sobre las emociones.

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  4. Hola Clarisa, gracias por tu comentario.

    Es cierto que la ambivalencia afectiva, al ser constituyente, está jugada en las demás estructuras psíquicas.

    Por otro lado, el psicoanálisis, tiene que ver más con el ser reflejado, el ser donde no soy, más que la concepción del ser en si, del ser en si mismo.

    El psicoanálisis, digamos, que subvierte el cogito cartesiano, para formular: pienso donde no soy.

    Un saludo.

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